Colombia y sus frutas exóticas
Historia de cada fruta y su campesino
Uchuvas de Sonsón.
Al oriente de la provincia de Antioquia se encuentra Sonsón, un pueblo enclavado en las montañas verdes típicas de la región. El clima es frío, seco, y extrañamente tonificante. La tierra es rica en capa vegetal. Allí, en esa tierra buena, vive y ha vivido toda su vida don Anselmo Ocampo, padre de familia y descendiente de uno de los 70 colonos fundadores, quienes se asentaron en la región hacia el año 1800 atraídos por la abundancia de agua y la tranquilidad del paisaje. Desde entonces los Ocampo han sido agricultores, trabajadores de la tierra con sus propias manos, y conocedores de sus mañas. Muchos cultivos ha visto crecer y madurar Anselmo, algunos más afortunados que otros. Sin embargo hace algunos años comenzó a cultivar una frutilla redonda, amarilla y agridulce (más dulce que agria), que madura dentro de un capuchón. En un principio la veía crecer silvestre entre los surcos de café de la finca familiar -como esto es tierra buena muchos frutos germinan espontáneos- pero pronto se dio cuenta de que la uchuva, como ha llamado la gente a la fruta desde siempre, era no sólo un fruto para acompañar ocasionalmente las faenas de recogida de café, sino un cultivo prometedor en sí mismo. Así, tomó su propia hectárea de tierra, la llenó con 1.800 semillas, esperó pacientemente 2 meses a la primera germinación, sembró cipreses en los bordes para proteger los retoños del viento, y cuidó él mismo de que el cáliz, como resolvió llamar la cubierta natural en donde la fruta madura, estuviera bien cuidado, pues ha sabido desde siempre que esa es la clave para su conservación.
Cuando llegó el tiempo de recoger, él, su familia, y sólo algunos labradores de confianza, recolectaron manualmente las frutas, utilizando únicamente tijeras para separar el capuchón del tallo.
-¡Hay que cuidar el cáliz!
Eso era lo que gritaba don Anselmo en pleno campo como única instrucción.
Desde entonces las uchuvas de don Anselmo siguen el mismo proceso, del gran huerto pasan directamente a las manos de Base Cook empacadas en cajitas que no cargan más de 22 frutas, para que de ese modo no se estropee el capuchón. Pues de los Ocampo también nosotros hemos aprendido, y sabemos que con el paso de los intermediarios la fruta sufre, y disminuye su calidad. Preferimos ser nosotros quienes directamente las sacamos de su cubierta natural para procesarlas en nuestra planta. Anselmo hace un buen trabajo cuidando meticulosamente “el caliz”, y nosotros lo debemos respetar. Eso hace de nuestras salsas productos de excelente calidad, y por eso le pagamos un precio justo.
Maracuyás de Villamaría.
La provincia de Caldas puede no producir la mayor cantidad de maracuyá en Colombia, pero si produce los mejores. De hecho, la parte del territorio específica de donde vienen nuestros maracuyás no siempre ha tenido este nombre, en 1851 los primeros pobladores decidieron llamarla Aldea de Maná, nombre que derivó de las características especiales de esta tierra fértil y generosa para producir frutos óptimos. Martín A. Naranjo es nuestro hombre acá, quien pese a su apellido, cultiva maracuyás. Su mayor virtud como agricultor es la precisión en sus manos y en sus ojos, pues sólo así puede saber los índices correctos de madurez de la fruta. Cualquiera que sepa cultivar maracuyás sabrá apreciar esto. En Base Cook le hemos dado a Martín el espacio para recompensar esa especie de talento natural con el que él trata sus frutas, pues nosotros mismo compramos directamente su cosecha, que él prefiere recolectar en las primeras horas del día, cuando aún no ha empezado a soplar el viento, que puede dañar la cáscara. Para Base Cook y sus productos es una suerte contar con las manos y los ojos de Martín.
Mangos de La Paz.
El árbol del fruto del mango es un árbol corpulento, alcanza a medir de 10 a 30 metros en su edad adulta, su corteza es arrugada y llena de fisuras, como la de un roble. Durante los 3 años que se demoró su finca en dar la primera cosecha de mangos, Rafael Robles se encargó de podarlos y darle formas a las ramas, para que cuando los frutos llegaran estos estuvieran en condiciones de recibir buena luz y buen aire, y no se estrangularan unos con otros, como sucede con los racimos de fruto silvestre que crecen en el Cesar, una provincia al norte de Colombia que por su cultura y su folklore es asociada comúnmente al literal Caribe cuando en realidad se trata de un territorio mediterráneo, cuyo clima y suelos son los apropiados para cultivos de árboles de gran tamaño. Gracias a la labor que en esos primeros 3 años el señor Robles realizó en su cultivo, es posible que sus árboles sigan produciendo mangos para Base Cook durante los próximos 20 años: mangos de excelente calidad, que van directamente de la finca del señor Robles a nuestra planta procesadora, cultivados sin plaguicidas ni fumigantes, y que además contribuyen al mejoramiento paisajístico del municipio, pues las arboledas de mangos son cultivos de mucha belleza.
Piñas de Dagua.
Sobre la tierra no hay nada que no tenga compensación. Quien pase por la población de Dagua, en la provincia del Valle del río Cauca, pensará que sólo se trata de una tierra más bien árida y muy rocosa, donde sólo se sostienen los cactus. Es posible que sea verdad, pero en realidad la calidad de los suelos y el clima son justamente los esenciales para el cultivo de la piña. Hace apenas unos pocos años la familia Soler decidió cambiar el cultivo del café por el de la piña, un producto algo desconocido y exótico, pero a la vez con muy buenas perspectivas de comercialización. Los Soler habían intentado por mucho tiempo sacar buenas cosechas de café en una tierra plagada de matorrales espinosos, lo cual rendía más esfuerzo que frutos. Las pencas de piña ciertamente requirieron de cierta preparación del suelo, pero para los Soler este nuevo fruto resultó ser un producto con muchas mayores perspectivas, el cual venden directamente a Base Cook, sin necesidad de intermediarios.